Rodaje en Calle San Juan

Málaga, 1931

El director malagueño Carlos Murante rueda un cortometraje enmarcado en el asalto a las iglesias malagueñas de los años 30, en la Segunda República

Noticia de Valentín Ramos – MALAGA HOY – 10 de septiembre de 2014

MÁLAGA HOY

Como suele ocurrir en la mayoría de los planos, la distancia entre la cámara y los elementos resulta primordial. Algo parecido le ocurre a Carlos Murante a la hora de enfrentarse al rodaje de uno de los capítulos más controvertidos en la memoria negra de Málaga. El cineasta ha decidido afrontar un complejo relato en la historia de nuestra provincia: aquel mayo de 1931 en el que varias iglesias fueron asaltadas a comienzos de la Segunda República. Eso sí, manteniendo siempre la distancia adecuada entre toma y toma.

Cita a las doce es el último trabajo del malagueño, que actualmente se encuentra en proceso de rodaje en un enclave tan emblemático como es la Iglesia de San Juan. “El corto es un homenaje a mi abuela, con la que me crié viviendo en la calle San Juan. Ella siempre me contaba historias de aquellos años, por lo que decidí narrar un relato dentro aquella época”, explica Murante. Pese a todo, el argumento de su cortometraje se aleja exponencialmente de cualquier estilo documental e histórico que se precie.

“Simplemente cuento la relación entre personas que, en un momento dado, encuentran un apoyo inesperado.”, explica el director sobre el argumento. “Al final se produce un intercambio de favores que será el desencadenante de esta historia, que da pie a una curiosa relación entre personajes muy distintos”.

Que la narración esté contextualizada por el asalto a las iglesias, es algo meramente anecdótico para su director. “Es simplemente la historia de dos personas enmarcada en una situación conflictiva para el país, y en concreto, para Málaga. Pero no es el eje central de la historia. En un momento se escenifica el asalto, pero no de una forma explícita. No he querido recrear la quema de figuras religiosas. Ni siquiera he querido entrar en el dilema de un bando u otro. El tema está tratado con mucho respeto y prudencia”. En esta línea, el propio Murante ha visto cómo algunas partes del proyecto se han caído, precisamente, al no mostrar un posicionamiento claro en el cortometraje. “Mi intención no era posicionarme. Es un proceso similar al que ocurre en la serie Cuéntame: si bien la historia se centra en los personajes, es inevitable que el contexto histórico afecte a sus protagonistas” señala el malagueño.
Murante, que ya rodó algunas escenas el pasado 30 y 31 de agosto, espera terminar la grabación en las próximas semanas. Para ello cuenta con una amplia selección de figurantes y actores como Isabel Ávila o Kiu López. “Hemos partido de un presupuesto bajo no, lo siguiente”, bromea el director, “por lo que agradezco el apoyo altruista de la figuración y de todos los que participan en el proyecto”.

En cualquier caso, no han escatimado a la hora de definir la fase de preproducción, donde han conseguido definir a la perfección el vestuario, maquillaje, peinados e incluso un coche de la época. “Han sido dos meses de trabajo intensivo, de mucha investigación.”. En este proceso, lo que más llamó la atención del malagueño fue descubrir que por aquel entonces existía una notoria animadversión por las cofradías y las imágenes religiosas. “Estuvieron a punto de no celebrar Semana Santa aquel 1931. Algunos no estaban de acuerdo con el reparto de subvenciones de las cofradías, y cuando asaltaron las iglesias se juntó todo”, explica Carlos Murante sobre la fase documental. “A día de hoy, cada Semana Santa se comentan este tipo de cosas cuando se habla de las imágenes: que si ésta se quemó, que si aquélla se escondió… forma parte de la historia de Málaga”.

Murante ha dado con la fórmula para contar una historia de vínculos insospechados y abandono de prejuicios; donde todo converge bajo la sombra de un oscuro escenario de capítulos vedados. Pero reales al fin y al cabo. Una realidad a la que Carlos Murante accede con la mayor prudencia y con el respeto más profuso. Pues hay veces en las que el “silencio, se rueda” adquiere su máxima expresión.